sábado, 16 de septiembre de 2017

Aunque pasen mil años

Érase  una vez, hace muchos años, en la Tierra del Maíz, en el País de las Nieves, en la ciudad del nuevo extremo… un hombre. Un hombre como cualquiera. Un hombre con esposa, dos hijas, una casa pequeña y un Renault 4.

Al hombre le decían Tito y era un hombre normal, pero tenía algunos atributos:

Tito sonreía… Bueno, ustedes me dirán que eso lo hace todo hombre normal… Pero su sonrisa se salía de lo común. Porque cada vez que Tito esbozaba el gesto amable iluminaba rincones teñidos de angustia y se desempantanaban hermosas remembranzas de la infancia. El sosiego retornaba al pecho y los sueños se mantenían intactos como esperanzas ciertas.

Tito fruncía el ceño… Bueno también eso es algo que hace todo hombre normal… Pero en él era distinto. Pues cuando su semblante se inquietaba, abría ojos y conciencias… y entonces saltaban a la vista las injusticias y sinrazones más aberrantes.  Letra por letra quedaban expuestos obscenos mercaderes, exterminadores de ilusiones, fratricidas y cerdos uniformados y blindados.

Tito decía, hablaba, conversaba, dialogaba… ¡Nada más normal!… A no ser que uno tenga algún tipo de impedimento, esto es algo completamente corriente. Pero cuando Tito decía era distinto… pues incontables se arrimaban a escuchar y a amamantar el alma, el espíritu, el coraje, los sueños, con señales tiernas, gratas, nobles, valientes. Todos solicitaban la amistad de Tito… y la obtenían.
 
Tito cantaba… Bueno, eso es algo muchos hacen… pero es que cuando Tito cantaba: Tito sonreía. Tito fruncía el ceño. Tito decía… y todo lo que de el salía estaba rematadamente preñado del más hondo e insondable amor.

Porque Tito amaba… amaba a su esposa, amaba a sus hijas, amaba a su gente,  Tito amaba y era amado por su pueblo.

Bueno, pero eso también es normal. Cualquiera ama lo suyo.

Lo que no es normal es que por amar y por cantar seas torturado, mutilado y asesinado

Érase  una vez, hace muchos años, en esta, la Tierra del Maíz (América), en el País de las Nieves… el sur… en Chile, en Santiago del nuevo extremo… un hombre al que le decían Tito y que se llamaba Víctor Jara. Un hombre como cualquiera. Un hombre con esposa, dos hijas, una casa pequeña y un Renault 4.



Víctor… no te olvidamos